Voluntarios de la fundación logran que jóvenes hospitalizados jueguen y se sientan niños otra vez

Cuando un joven ingresa en la Unidad de Estancia Breve de Psiquiatría Adolescente del Hospital Universitario Puerta de Hierro, suele hacerlo en un momento especialmente delicado de su vida. Cada ingreso responde a una historia diferente, marcada por situaciones de gran carga emocional que requieren atención, acompañamiento y un entorno seguro donde poder estabilizarse y recuperarse.

Durante su estancia, el equipo sanitario trabaja para ofrecer atención especializada y acompañar a cada joven en su proceso. En este contexto, pequeños momentos cotidianos pueden marcar una gran diferencia: espacios de calma, actividades compartidas o instantes que permiten desconectar de la tensión del ingreso.

 

Aquí es donde iniciativas como MiGO en Hospitales aportan valor. A través del acompañamiento emocional y del juego estructurado, se generan momentos de participación, relación y normalidad dentro de la unidad. Son instantes sencillos —una partida, una conversación o un taller compartido— que ayudan a que la estancia hospitalaria sea más humana y llevadera.

 

El equipo, formado por psicólogos, terapeutas ocupacionales, logopedas, psicopedagogos, trabajadores sociales y voluntarios, lleva consigo materiales que a simple vista parecen juegos, pero que funcionan como herramientas de regulación emocional, contención y conexión.

Una mirada desde dentro

 

Rocío Alonso, voluntaria y psicóloga en anda CONMiGO Leganés Norte, llega un domingo por la mañana y abre la puerta de la unidad con una sonrisa. Su objetivo no es solo acompañar: es crear un espacio donde los adolescentes puedan reír, relajarse y volver a sentirse ellos mismos.

 

“Me uní a este proyecto porque es la oportunidad de aportar con mi granito de arena a adolescentes que atraviesan una etapa complicada de sus vidas. Aquí puedo llevar mis conocimientos de psicología, pero sobre todo ofrecer acompañamiento, escucha y momentos de alegría. Mi objetivo es generar un momento valioso que saque una sonrisa, que les haga desconectar de la situación hospitalaria y volver a sentir que son adolescentes, que juegan, ríen y conectan”, comenta Rocío.

 

Al principio, algunos chicos permanecen en silencio, observando con cautela. Poco a poco, a través del juego, los tabúes desaparecen. Se escuchan risas tímidas, miradas curiosas y manos que participan en el circuito de actividades preparado para que los 11 jóvenes presentes ese día puedan integrarse.

 

“Algunos adolescentes que al principio eran reservados, poco a poco, a través del juego, empiezan a sonreír y a ganar confianza. Ver esa transformación, aunque sea breve, es muy especial”, agrega Rocío.

Aprendizaje y conexión 

 

Para Rocío, la experiencia también ha sido un aprendizaje profesional y humano: “Aprendes la importancia de la empatía, la flexibilidad y la conexión genuina. Cada adolescente es diferente y cada momento requiere adaptarse de manera auténtica”.

 

Al final del día, cuando los voluntarios recogen sus materiales y se despiden, queda algo más que juegos: quedan sonrisas, confianza y momentos que transforman la experiencia hospitalaria. Rocío ya planea volver, porque sabe que cada tarde que pasa con los jóvenes deja una huella invisible pero poderosa.

 

“Animo a cualquier profesional a unirse; se aprende mucho y se recuerda el verdadero valor del acompañamiento, la empatía y la conexión. A veces pensamos que para ayudar hay que hacer algo enorme, pero dedicar una hora de nuestro tiempo puede marcar una gran diferencia en la vida de alguien”, concluyó Rocío Alonso, voluntaria y psicóloga en anda CONMiGO Leganés Norte.

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